Contiene: Wolverine 1 a 4
Guion: Chris Claremont
Dibujo: Frank Miller
Tinta: Al Milgrom
Año de Publicación Original: 1982
Un
hombre sin pasado.
De los personajes que Len Wein y Dave Cockrum habían
incorporado a la Patrulla-X en el mítico Giant-Size X-Men 1, Lobezno
era, sin duda, el más enigmático de todos ellos. Había hecho su primera
aparición en The Incredible Hulk 180, aunque ahí solo se asomaba, cobrando
importancia al mes siguiente, en el The Incredible Hulk 181, en
el que se presentaba como un agente del gobierno de Canadá que participaba en
una conflicto a tres bandas con Hulk y el Wendigo (un villano monstruoso, de
origen místico y caníbal), y allí aparecía como un enmascarado vestido de negro
y amarillo, de comportamiento salvaje y grandes garras. Estos números de
publicarían en 1974, y serían obra del guionista Len Wein y el dibujante Herb
Trimpe, y sería precisamente Len Wein a quien se encargaría el relanzamiento de
la Patrulla-X en el mencionado Giant-Size X-Men 1, así que junto a Dave
Cockrum (que además aprovechó para los nuevos personajes algunos de los diseños
que había creado el dibujante para un proyecto de la Legión de Superhéroes, Len
Wein se llevó a Lobezno a la nueva Patrulla, que comenzaría su andadura en
1975. Pero muy poco después de terminar de escribir ese número, Wein se convirtió
en director editorial de Marvel, por lo que tuvo que dejar algunas colecciones,
y la Patrulla-X recayó en Chris Claremont, que tendría así entre sus manos un
montón de lienzos en blanco. Y Lobezno iba a ser un misterio durante mucho
tiempo, de hecho, ni siquiera íbamos a saber su auténtico nombre.
En ese Giant-Size X-Men 1, la
mayor parte de los miembros de la Patrulla-X original (la Chica Maravillosa, el
Ángel, el Hombre de Hielo, Kaos y Polaris) eran atrapados por una isla viviente
mutante llamada Krakoa, y el fundador del equipo, Charles Xavier, junto al
líder, Cíclope, reunían un nuevo equipo, más adulto y experimentado, formado
por Rondador Nocturno, Banshee, Tormenta, Coloso, Fuego Solar, Ave de Guerra y
Lobezno. Fuego Solar dejaría enseguida el grupo, y Ave de Guerra moriría en la
primera misión de la nueva Patrulla-X, pero pronto, conoceríamos al resto
igualmente como Kurt, Sean, Ororo, Peter… y Lobezno. Incluso el rostro del
personaje parecía hurtarse a los lectores, y no sería hasta abril del 76 cuando
por fin se le podría ver sin la máscara, mostrándose que, más allá de su
extraño peinado, era básicamente humano. Hasta ese momento, Lobezno se había
definido básicamente por sus poderes, que además, íbamos a ir descubriendo poco
a poco. Las garras metálicas eran bastante evidentes, pero podían ser parte de
sus guantes. Sí sabíamos que tenía unos sentidos aumentados y un factor
curativo. Incluso el famoso esqueleto de adamantium que ya se ha hecho
mundialmente famoso, tardaría aún un par de años más en aparecer, en 1978.
De hecho, la historia de Lobezno
comenzaría a despejarse sobre todo a partir de la llegada de John Byrne a la
colección, pues si bien era evidente que el personaje favorito del dibujante
David Cockrum era Rondador Nocturno, Byrne tenía mucho más interés en un
personaje que, como él, se había criado en Canadá. Sería en la etapa de Byrne
cuando nos acostumbraríamos a ver a Lobezno sin su máscara, y donde cambiaría
su habitual traje amarillo y negro por otro menos chillón, marrón y negro. También
comenzaría a establecerse el principio de un triángulo amoroso entre Cíclope, la
Chica Maravillosa (o Fénix, había cambiado de nombre y de magnitud de poder), y
Lobezno. Y poco a poco, comenzaría a establecerse un pasado para él.
En 1978, la Patrulla-X tenía que
hacer frente a un nuevo personaje, Arma Alpha, que resulta ser James McDonald
Hudson, miembro del Departamento H canadiense, una rama del gobierno que
trabajaba con superhumanos, y con quien Lobezno había trabajado (en su
presentación en La Patrulla-X, habíamos visto a Lobezno dejar a los
canadienses de mala manera), y que venía dispuesto a recuperar a Lobezno,
hablándose por primera vez del proyecto Arma-X en el que al parecer él
había estado implicado. Por supuesto, la Patrulla-X terminaría evitando que
Arma Alpha pudiera llevarse a Lobezno, pero no sería la primera vez que
apareciera: un tiempo más tarde, la Patrulla-X se vería obligada a desviar uno
de sus viajes a Calgary, y allí serían atacados por el nuevo supergrupo oficial
de Canadá, Alpha Flight. Arma Alpha llegaba convertido en Vindicador, y a él se
unían otros personajes: Shaman, Estrella del Norte y Aurora, Sasquatch y Ave
Nevada, y descubríamos que Lobezno había sido amigo de Hudson y de su esposa,
Heather, durante su vida en Canadá.
Pero aún más importante sería el
viaje de la Patrulla-X a Japón que tuvo lugar entre X-Men 118 y 119.
Un poco antes, la Patrulla se había enfrentado a Magneto en la Antártida, y tras
su combate final en el interior de un volcán, el equipo se había dividido, y
cada uno de los grupos pensaba que el otro había muerto. Así, Fénix y la Bestia
volvieron a Estados Unidos, siendo los supervivientes oficiales, mientras que
Cíclope, Lobezno, Rondador, Coloso y Tormenta, después de una aventura en la
Tierra Salvaje (una gran selva repleta de dinosaurios escondida por las
montañas antárticas) habían terminado cayendo en Japón, donde ayudaron a Fuego
Solar a hacer frente a un terrorista llamado Moses Magnum que estaba
chantajeando al gobierno japonés, amenazando con utilizar su tecnología sísmica
para hundir las islas. Por supuesto, la Patrulla-X derrotaría a Magnum, aunque
al precio de la pérdida de los poderes de Banshee… pero aún más importante para
lo que hoy nos ocupa, veríamos un Lobezno que no habíamos visto nunca.
Y es que, como hemos comentado
antes, en Japón la Patrulla-X iban a ser aliados y huéspedes de Fuego Solar,
cuyo nombre real era Shiro Yashida, y que pertenecía a uno de los clanes más
poderosos del país. Y en el hogar ancestral de los Yashida, conocerían a la
prima de Fuego Solar, Mariko Yashida, una doncella tradicional japonesa (lo que
en aquel momento Claremont y Byrne entendían que debía ser una doncella
japonesa, no vamos a entrar en eso), que encandilaría de inmediato a Lobezno y
a la que confesaría por primera vez su nombre.
Logan.
Así, como Cher. Sin apellido.
Pero es que además, íbamos a
descubrir que Lobezno hablaba japonés fluido y conocía las costumbres
tradicionales japonesas. De pronto, el salvaje con garras metálicas se había
convertido en un samurai caído, una especie de ronin que iba a despertar mucho
más el interés de los lectores, y que iba a ir ganando cada vez más importancia
en el equipo. Lobezno y Mariko comenzarían una relación romántica que iría
cristalizando en los siguientes números, incluso ya después de que Byrne
hubiera dejado la colección para ser sustituido por Cockrum. Volveríamos a ver
a un Lobezno más salvaje (estaría a punto de decapitar a Rondador enfadado porque
este hubiera asustado a Mariko, destriparía a un robot con la forma de Tormenta,
y provocaría la marcha del Ángel del grupo), pero ese concepto del samurai
honorable, había quedado ya grabado en la historia de los cómics… y no tardaría
mucho en volver.
Ninjas
por todas partes.
La explosión de las artes marciales que había barrido Estados
Unidos en los años 70 a raíz de las películas de Bruce Lee y de series como Kung-Fu,
había permeado a los cómics, donde habían aparecido personajes como Shang-Chi,
Puño de Hierro, las Hijas del Dragón, Richard Dragon y Tigre de Bronce, etc. Pero
el interés por lo oriental no se había limitado a las recreaciones más o
menos acertadas de los autores occidentales, en esos años el manga comenzó a
llegar a Estados Unidos, y aunque aún escasamente traducido, algunos autores
comenzaron ya a verse influidos por el estilo y la narrativa japonesa. Uno de
esos autores fue Frank Miller, cuyo éxito llegó de la mano de la colección Daredevil,
que hasta ese momento había tenido poco que ver con oriente, pero en el
número 190 de la colección, Miller, como
autor completo de la misma, presentaba a Elektra, una ninja de origen griego, y
llenaba las calles de Nueva York con los ninjas de La Mano, una secta de ninjas
fanáticos que pasaban a formar parte de la imaginería de Marvel.
Así que cuando después de una
convención, Chris Claremont y Frank Miller se quedaron atrapados durante varias
horas en un atasco compartiendo coche, y comenzaron a hablar de intereses
comunes, no tardaron en surgir varios. Claremont había estado al frente de las
colecciones donde aparecían Puño de Hiero o las Hijas del Dragón, y Miller adoraba
la cultura japonesa… y a Lobezno. Y en 1982 ese interés común cristalizaría en
una miniserie llamada simplemente Lobezno, que posteriormente se recogería
son el sobrenombre de Honor, en el que coincidirían todos esos
intereses: la cultura oriental, la Mano, el Clan Yashida, los ninjas y Lobezno,
en una historia sobre el honor, la traición y los deberes familiares.
Una
curiosidad: El pasado de Lobezno ha seguido siendo un enigma que se ha ido
desvelando poco a poco, y que ha generado numerosos interrogantes y argumentos
tanto en La
Patrulla-X como en miniseries míticas como Arma-X, de Chris Claremont
y Barry Windsor-Smith. De hecho, el interés sería tal que, ya en el siglo XXI,
entre 2001 y 2002, el director editorial Joe Quesada decidió aprovechar definitivamente
a la gallina de los huevos de oro, y conseguir cuadrar las cuentas de la
compañía con una miniserie que revelaría el pasado de Lobezno, con el nombre de
Lobezno: Origen y que contaría con guion de Paul Jenkins, dibujo de Andy
Kubert y Joe Quesada, y tintas de Richard Isanove… y que efectivamente,
conseguiría cuadrar las cuentas de una Marvel extremadamente necesitada de
liquidez.
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